¿Cuántas veces te quejás al día… sin darte cuenta?
No hablo de grandes problemas.
Hablo de esos comentarios automáticos que se escapan casi sin permiso:
“No paro un segundo”,
“Todo tengo que hacer yo”,
“Esto es un desastre”,
“No se puede trabajar así”.
Son frases pequeñas.
Inofensivas, pareciera.
Pero se repiten…
"Y todo lo que se repite, entrena."
Entrena la forma en la que mirás lo que te pasa.
Entrena la manera en la que reaccionás.
Entrena, sin que lo notes, el estándar que aceptás.
Los micro-momentos
En el alto rendimiento hay algo que se vuelve muy evidente:
No es el gran momento lo que define el resultado…
Son los micro-momentos que nadie ve.
Lo que decís cuando algo no sale.
Lo que pensás cuando estás cansado.
Lo que repetís cuando nadie te escucha.
Porque ahí no estás describiendo la realidad… la estás construyendo.
La mente también se entrena
La mente también se entrena.
No basta con ser bueno.
Tenés que ser consciente de cómo pensás mientras te hacés bueno.
Tu entrenamiento te va a dar capacidad.
Pero tu pensamiento… te va a hacer diferente.
Y no se trata de volverte “positivo” todo el tiempo.
Se trata de volverte consciente.
De empezar a notar.
Porque el cambio no empieza cuando hacés algo extraordinario.
Empieza cuando dejás de quejarte por lo que te tocó.
Tal vez no es el estrés.
Tal vez es el lenguaje con el que lo estás viviendo.
Y eso… también se entrena.