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Lo que realmente
le enseñas a tu equipo

El fin de semana pasado, luego de un intercolegial, le dije a mi hija:

"No pasa nada. Es solo un partido."

Había perdido y estaba muy triste. Intenté ayudarla a poner las cosas en perspectiva.

Le expliqué que un partido no define a nadie. Que hay cosas mucho más importantes en la vida.

Y creo que tenía razón.

Mientras intentaba enseñarle a manejar esa frustración, eché mi celular al piso, y de manera instintiva solté un insulto. Mi hija rápidamente entendió que era mejor quedarse callada.

A partir de ahí el camino a casa fue distinto. Mi tono de voz ya no era igual. Los ánimos ya no eran los mismos.

Padre e hija caminando después del partido con un celular roto en el suelo al atardecer

Si mi hija hubiera visto solamente mis reacciones, ¿qué habría aprendido sobre lo que es realmente importante para mí?

¿El partido que tanto le dolía perder?

¿O el celular que se me cayó?

Mi hija no estaba aprendiendo de mis consejos. Estaba aprendiendo de mis reacciones.

Las personas no descubren qué valoramos cuando hablamos

En la vida, no solo la de padre e hijos, las personas no descubren qué valoramos cuando hablamos.

Lo descubren cuando nos encontramos ante algo que nos quita la calma.

Si un director dice que la familia es lo primero, pero responde un mail durante toda la cena, ¿qué está mostrando realmente?

Si un gerente dice que el error forma parte del aprendizaje, pero cada vez que alguien se equivoca pierde la paciencia, ¿qué está enseñando?

Decimos que la innovación es importante, pero nos desespera que alguien cambie la forma en que siempre hicimos las cosas. ¿Qué estamos transmitiendo?

Sin querer, vamos construyendo una escala de prioridades completamente distinta de la que creemos transmitir.

Un equipo escucha los discursos. Pero aprende de las reacciones.

La cultura se construye donde nadie está mirando

Los líderes solemos pensar que la cultura se construye en una reunión, en un PowerPoint o en un cartel pegado en la pared.

Yo cada vez estoy más convencido de que la cultura se construye en esos pequeños momentos que nadie prepara.

En cómo reaccionamos cuando una venta no salió.

En cómo tratamos a alguien que se equivocó.

En la paciencia que mostramos cuando las cosas no salen como esperábamos.

O en la importancia que le damos a problemas que dentro de una semana probablemente ya nadie recordará.

Qué merece nuestra energía

No estoy diciendo que nunca debamos enojarnos.

Estoy diciendo algo diferente.

Cada vez que reaccionamos con intensidad, estamos enseñándole a nuestro equipo qué merece nuestra energía.

Y esa enseñanza pesa mucho más que cualquier discurso.

Porque al final, las personas no siguen nuestras palabras.

Siguen nuestros ejemplos.

Y quizá la cultura de un equipo no sea otra cosa que la suma de las reacciones que su líder repite todos los días.
Diego Centurión Campeón Mundial de Natación Master · Buscador de Imposibles
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