Volver al Blog

Todos tenemos nuestro 5am

Mis amigos siempre me preguntan: ¿cómo hace un tipo de 50 años, ingeniero, con trabajo, familia y mil cosas encima, para meterse a una pileta todos los días a las 6 de la mañana… y terminar siendo tricampeón mundial de natación master?

La mayoría espera una sola palabra como respuesta: disciplina.

Y no. No es eso. La verdad es bastante menos heroica.

Todos los días suena la alarma a las 5. Y todos los días, sin abrir los ojos todavía, pienso, “hoy no voy a entrenar, hoy me quedo”.

Empieza la negociación. Y la mente es una negociadora brillante.

Estás muy cansado. Tenés mucho trabajo pendiente. Parece que te estás por resfriar. Hasta te propone un trato: “¿Por qué no vas mañana y entrenás el doble?”

Cuantos más argumentos me propone, peor me siento.

Porque sé que ninguno es verdad.

Y ahí me levanto. No porque me dio un ataque de disciplina. Me levanto porque no soporto perder. Y menos contra algo que yo mismo me prometí.

Miro mi cama y digo: “Te gané, Diego, que te querías quedar a dormir”.

Esa es mi primera victoria del día.

La segunda llega dos horas después. Tal vez no salieron las mejores marcas. Pero mi victoria es salir del agua sabiendo que di lo mejor que tenía ese día.

Cierro los puños y lo celebro en voz alta: “Bien, Diego. Volviste a ganar”.

¿Por qué en voz alta?

Porque me escucho. Y porque me escuchan.

No es un show. Es para dejar constancia. Porque es importante cómo me veo, y también es importante cómo me ven.

Al principio me miraban raro, un tipo hablando solo al borde de la pileta.

Ahora, cuando me ven, me preguntan: “¿Y, Diego? ¿Ganaste?”

Y respondo: “Por supuesto. Ganador”.

Son las 7:30 de la mañana. Hay gente que todavía no se levantó, y yo ya gané dos veces. Imagínate la ventaja con la que empiezo el día.

Así construyo mi confianza: prometiéndome algo y cumpliéndolo.

Si digo que me levanto a las 5, me levanto.
Si me gusta, lo hago.
Si no me gusta, lo hago igual.

Y esto no pasa solo en el deporte.

Todos tenemos nuestro 5 de la mañana.

Es ese mail que pateás hace una semana. Ese cliente que no vas a ver porque queda lejísimos. Esa conversación incómoda que venís postergando con alguien de tu equipo.

Cosas chicas. Que nadie va a notar si no las hacés.

Nadie, excepto vos.

No hace falta levantarse a las 5. Hace falta identificar cuál es tu 5 de la mañana.

Cada vez que lo postergás, perdés una pequeña competencia contra vos mismo. Y eso se acumula y vas construyendo una historia que te contás sobre vos. No una historia que inventás en el momento en que necesitás confianza, sino una que escribís durante meses, o años, con tus acciones.

Por eso, para mí, la confianza no es decirse “yo puedo” frente al espejo.

Es poder mirarse y decir: “Yo sé que puedo confiar en mí, porque ya me lo demostré”.

Diego Centurión Campeón Mundial de Natación Master · Buscador de Imposibles
Compartir: