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Vivir 100 años

Una noche cualquiera, en una charla con amigos, de esas en las que aparecen las preguntas raras.

—¿Cuántos años te gustaría vivir?

Dije: más de 100.

Se rieron. Después vino la frase inevitable:

—¿Para qué querés vivir tanto?

Pero lo interesante no fue la pregunta.

Fue lo que había detrás.

"La pregunta no era sobre los años. Era sobre el miedo."

La gente no les tiene miedo a los 100 años.

Le tiene miedo a la versión de uno mismo que construimos mentalmente para esa edad.

Porque cuando la gente escucha "100 años", no imagina libertad.

Imagina deterioro.

Dependencia.

Un cuerpo que ya no responde.

Ser una carga para alguien que querés.

Una vida que dejó de elegir y solo espera.

No es la edad

Y ahí está el punto.

No es la edad lo que asusta.

Es la imagen que construimos de nosotros mismos en esa edad.

Y acá está la trampa en la que casi todos caemos.

Pensamos que esa versión es inevitable.

Que es el destino natural de envejecer.

Llegás día a día

Pero no llegás a los 100 de golpe.

Llegás día a día, desde hoy.

En lo que pensás cuando algo sale mal.

En cómo reaccionás bajo presión.

En los hábitos pequeños que nadie ve pero que se van acumulando en silencio.

Ya estás entrenando para esa versión futura.

Ahora mismo.

Sin darte cuenta.

Diego Centurión saliendo de la piscina después de entrenar

No son los años los que definen cómo vas a llegar.

Son los hábitos que repetís.

"Cuando digo que quiero vivir más de 100, no estoy hablando de cantidad."

Estoy hablando de despertarme un día, con un siglo encima… y todavía sentir ese cosquilleo de tener algo que perseguir.

De seguir entrenando.

De seguir aprendiendo.

De seguir siendo peligroso para mis propios límites, sintiendo que todavía estoy en juego.

Porque al final, la verdadera pregunta no es cuánto querés vivir.

Es mucho más incómoda:

¿Qué tipo de persona estás construyendo para cuando llegues ahí?

Diego Centurión Campeón Mundial de Natación Master · Buscador de Imposibles
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